¿Te suena? Todas las Blancanieves de la vida real nos hemos topado alguna vez con una bruja que quiere envenenar nuestra vida o usurpar nuestro puesto. A veces lo logran, pero si ese es tu propio caso, no dejes que tu aspecto lo denote. Así, aunque tu corazón esté hecho tiritas, añicos, trocitos, lo primero que tienes que hacer es ponerte más linda que nunca: arréglate, si es posible cámbiate el look, hazte un corte de cabello, píntatelo, refréscate el rostro con mascarillas, y los ojos, que por supuesto pueden estar hinchados de llorar, cuídatelos, ponte colirio, motitas de algodón con agua fría (una taza con una cucharadita de azúcar) o leche fría, o las famosas ruedas de pepino o papa. Si tu presupuesto te lo permite, compra ropa nueva; si no, “jorunga” en tu closet, seguro encontrarás cosas lindas que hace tiempo no usas, a lo mejor la minifalda o el pantalón pegadito que dejaste de usar porque a él no le gustaba. Maquíllate, pon toques de color en tus mejillas (como las de Blancanieves) y en tus labios, el color más lindo que te luzca, y si puedes usa tonos un poco fuertes, como el rojo u otros intensos que te den vida. Cuando salgas, hazlo con la frente en alto, orgullosa de tu belleza, de tu autenticidad, de tu nobleza, (para eso eres princesa) y sonríe. Sí, yo sé que cuesta, pero practícalo en el espejo, y estoy segura que tu “espejo mágico” te dirá que sigues siendo la más hermosa del Reino. Posiblemente en algún momento te lo encuentres en el camino, y si va con la bruja mala, tú estarás más linda que nunca y pasarás erguida y digna, porque las reinas no se rebajan a pelear con las brujas. Bueno, hasta ahora nunca he visto ese episodio en los cuentos, ni lo veremos. Amiga, la apariencia externa por sí misma no basta: aquí te recomiendo un ejercicio que te puede ayudar.
Liberando tensiones: si estás en casa, puedes usar una sabanita o paño colocado en el piso y te tiendes sobre éste boca arriba, descalza, los brazos a los lados del cuerpo; procura tener ropa cómoda sin nada que te apriete, y preferiblemente date un baño previamente con agua tibia. Si tienes música relajante (muy importante que la consigas) colócala a un volumen suave, si te gustan los inciensos o los aromas de los sachets, utiliza aroma de rosas, lavanda o vainilla. Toma el aire suavemente contando hasta cuatro, retienes contando hasta cuatro y sueltas contando igual, retienes por el mismo tiempo y vuelves a tomar aire. Esto lo vas a hacer unas cuatro o cinco veces y luego te quedas respirando normalmente. Cuando tomas el aire, siente que tomas paz, armonía y equilibrio. Cuando lo sueltas libera toda rabia, dolor, tensión, etc. Luego piensa en tu paisaje favorito: una playa, la montaña, o cualquier otro lugar. Recréate viendo cada detalle, color, cielo, nubes,… Piensa en Dios, en su Amor, el único Amor que jamás te fallará, pídele ayuda y descansa, pero no te duermas. Al estar en el piso estás descargando a tierra toda la tensión que tienes y al tomar el aire te nutres de todo lo bueno y tus pulmones se oxigenan y armonizan tu cuerpo. Este ejercicio es de unos veinte minutos. También lo puedes hacer al aire libre en un parque o la playa a horas tempranas o al final de la tarde.
El relax ayuda mucho en situaciones de tensión, dolor, rabia o tristeza. Embellece tu alma con el perdón y siente que podrás salir adelante con la ayuda del Creador, Él es tu Padre-Madre y no te abandonará nunca en los momentos difíciles, porque siempre está en todo instante de nuestras vidas. En la medida que perdones (en el blog hay ejercicios de perdón) te irás liberando y te sentirás más liviana. Recuerda que si una relación no funcionó, no significa que siempre será así en tu vida, otro amor vendrá, el que tú mereces, el mejor, porque al fin y al cabo, la princesa que eras se convirtió en Reina: la más hermosa del Reino, de su propio Reino.
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